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Estudio del Sur

MARÍA NEGRONI:BUENOS AIRES TOUR.

PROHIBIDO FIJAR CARTELES

-Maza y Chiclana-

¿Y si el tiempo fuera un espacio que se mueve? ¿Y nosotros figuras que llegamos tarde a eso que somos? O tal vez no fuimos sino una insólita explosión, un estallido de luz en algún sueño remoto y aparecemos aquí como resabio de algo muerto? Es difícil saber. En esta esquina todo es nada. Las personas, los objetos, las sombras se mueven lentamente en dirección a nunca. Nadie abriga sino deseos. No hay quien busque, como en los filmes de Buñuel, algo más sofisticado que el erotismo.
Lewis Carrol dibujó un cuadrado para fijar las coordenadas donde transcurre La Caza del Snack. Enseguida lo tituló Mapa del Océano y lo dejó en blanco. También aquí el vacío ha dibujado un mapa, exacto y concentrado. A lo mejor la solución es moverse, abandonarlo todo (familia, amigos, propiedades), traer un banquito y sentarse a observar : el camión de soda Ivess, el depósito de Mercaderías en tránsito, la chica y su filito en la pizzería Magistral. Son, tal vez, las dos de la tarde. Hace un frío de infancia. El aire se llena de promesas, es decir, de formas sutiles de malentendidos. Con un poco de esfuerzo, la esquina comenzará a girar y aparecerá una torre donde Melesinda peina sus cabellos o bien, abre su tul de insólitas palomas para que la blancura, por un solo instante inconcebible, sea perdonada.

MIS LADRILLOS Y PAUL CELAN
-Alvarado y Agustín Magaldi. Villa 2-

Un niño juega en silencio con Mis Ladrillos. Pero en el cuarto en el que está se ha desatado un huracán. Una tormenta invisible que tergiversa sus movimientos, lo empuja de un otoño desconocido a otro otoño desconocido, a recuerdos frágiles como tacitas de té. Por el piso, esparcidos, los ladrillos de goma y ese olor que se parece a la siesta, a los pensamientos prohibidos y, tal vez, a la poesía involuntaria.
O bien: nada de esto es cierto. En esta esquina hay un galpón siniestro donde un excomisario remató la Ferrari de un presidente y el Mercedes Benz verde-nilo de una actriz de cuarta. Hay chorros y una fábrica de maniquíes y un bar terrible llamado La Ponderosa. La escena estaría en silencio si no hubiera un perro que ladra, una mujer que tira un balde de agua sucia a la vereda y unos cuantos jóvenes sin dientes que discuten, con igual vehemencia, los sucesivos planes de arraigo y erradicación de sus propias villas.
Ah Erasmo, ¿en qué punto coinciden la definición del deseo y el deseo? ¿En qué momento el niño que regresa al juego y su cuarto es el mundo donde se desmoronan la iniquidad, la desgracia, ese eterno viaje que somos, entre el ser verdadero y el falso, en el vacío inconcluso? El niño pone un ladrillo sobre otro, pero en la ciudad que se construye, como un arquitecto inspirado, se multiplican los miedos, las casas precarias sobre las casas precarias, los autos abandonados, los muertos abandonados, los sueños abandonados. ¿Cuál es la ciudad? ¿Cuál su Sombra? Nadie puede ser arquitecto-señaló John Ruskin-sin ser también metafísico. Tal vez por eso el niño, que nunca viajó a París ni entrará jamás en la sala de manuscritos de la British Library, a veces mira el cielo y le gusta. Alabado seas, Nadie.

VIAJE AL PAÍS DE LOS TÍMIDOS
-Ayacucho y Peña-
Buenos Aires, dijo Le Corbusier, es la ciudad más errónea, inhumana e indefendible que conozco. Penoso espectáculo de pesadilla intensa, dijo Damero sin espíritu, desorden que vuelve las espaldas a su propio río que, a su vez, no se mira en el cielo argentino y, de ese modo, no ve la fenomenal línea de luz, huyendo desde el corazón de la ciudad, a ras del agua, hacia el extremo abierto de la noche. He pensado, dijo, que nada existe en Buenos Aires. Tomemos, por ejemplo, la calle de Ayacucho y Peña. Allí la Arquitectura está ausente. No hay ateliers de artistas, ni construcciones impalpables, ni monoblocks donde un hombre pensó hace mucho: cuando me haga la casa, pondré un florero en el vestíbulo y mi perrita Ketty tendrá su salón. No hay villas estilo italiano, ni hospitales de estatuas, ni catedrales blancas que repiten la única pregunta humana verdadera: ¿existe o no existe Dios? Desprovista de mar, de árboles y de cielo, esta esquina, definitivamente, desconoce la horizontal insigne. Aquí tan sólo nace Peña. O muere, who knows.

MARÍA NEGRONI, Rosario, Argentina.
Ha publicado, entre otros, los libros De tanto desolar, La jaula de trapo, Islandia, El viaje de la noche, Diario Extranjero, La ineptitud, y Buenos Aires Tour. Obtuvo la Beca Guggenheim , Fundación Rockefeller, Fundación Octavio Paz y New York Foundation for the Arts. Actualmente enseña Literatura Latinoamericana en Sarah Lawrence Collage, Nueva York. Los poemas seleccionados pertenecen al poemario Buenos Aires Tour.

Archivado en con fecha 14/jun/2007 - 0 comentarios

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