SOBRE CERDOS, CHINOS Y CATALANES
Unos chinos llevaron a Barcelona
un puñado de cerdos tatuados,
los catalanes no entendían los ideogramas
y miraron con malos ojos a los cerdos.
La feria del arte
puso en el lugar más seductor a los cerdos.
Los cerdos, más chinos que cerdos,
más blancos que amarillos
se reconocieron en la membrana de la seducción
dedicándose a mirar con ironía
a los catalanes.
Los catalanes no comprendieron nada
y los cerdos
menos cerdos que ideogramas
regresaron a China,
dejando pasmada, como en vilo, la expresión
de los catalanes.
WALTER BENJAMIN
Una infancia en Berlín, unas llaves oxidadas,
un silbido de paro como alerta y premonición.
La lucidez, las herraduras de un caballo de tropa
iIntegrándose al decorado del estudio,
la estridencia del grillo,
los volúmenes de Hegel,
la mano de Brecht, el desacuerdo de Brecht,
el cigarro de Brecht rodando junto a sus pies.
Los espejuelos, la redondez y el grosor
de los cristales, las fotos,
su vocación de enfadar
a la memoria romántica,
la alambrada, es decir otro cuento
de hadas, otro instante y la sombra
sombreada
y erecta
del kabuki.
ARCHIPIÉLAGO
El movimiento de la palabra ARCHIPIÉLAGO es apacible
como el de los remeros en el canal. Apacible y erecto,
trazando un zurco delicado en el agua (dejando una cicatriz,
una huella, triángulos de cera y azufre sobre un número
memorable de frentes). La palabra se contrae tal si el tiempo
de la historia fuera a someterla a una reducción irremediable,
a un deshielo de pulcritud. Un cadáver resultado de la
tensión de la cuerda, siempre va a ser distinto de uno resultado
de la tensión de W-forzado, este último deposita en la tierra
una serie de impurezas fatales, de libaciones provenientes de
la torpeza.
La tierra que es el teatro natural de los muertos preserva sitios
de negrura más acentuados para esas ocasiones, para esas
colonias frutos de plurales complejos de Edipo.
Abro un paréntesis en forma de sueño para pensar un relato de
John Barth donde Edipo comprime sus labios contra el desenfado
del acetato, cierro el paréntesis y comprimo la cabeza de Barth
contra una hilera de cabezas eslavas (hidrocefalia de la traslación escritural).
¿Cómo seguir el movimiento circular de lo que abruma sin hacer la
zozobra del razonamiento ascendente de los ojos?
Esta es la interrogante, el rayón negro del escolar que puede frustar la
galantería de la garza, su vocación de restar aridez al paisaje. La garza es el elemento estructural capaz de escindir el territorio e interés y otorgarle a cada zona rasgos legítimos que independicen sus espesuras, sobre la garza escribí un texto en versos, que después Sanchez Mejías transcribiera a la prosa.
Entonces mi madre no había muerto aún, y yo vinculaba el virtual deterioro de su mente con el ruido histórico del tractor. Ahora la garza tiene un sitio más cívico, una zona más exterior del ovillo donde su cuerpo resiste el destino flotante. Su cuerpo lo violento, hago una especie de nudo, de recirculación astuta, de los significados para que la garza blanca pueda mirar con el ojo infinitamente negro, mirar e inscribir agua tras agua cierto saber naciente de la llaga,de un círculo de tiza, que se cierra, caucasiano, con la dosis asignada.
RICARDO ALBERTO PÉREZ, La Habana, Cuba, 1963. Ha publicado, entre otros poemarios, Geanot, el otro ruido de la noche, Nietzsche dibuja a Cósima Warner y Trillos urbanos.
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