Soledad Fariña ha publicado por Ediciones Torremozas, Madrid, España,
un nuevo y hermoso poemario, donde retoma la escritura como diálogo. Así, "Se dicen palabras al oído", son poemas escritos por Fariña a partir de la lectura de determinadas autoras con la que establece una relación de empatía, con determinados versos de ellas, asumiendo la poesía como un acto colectivo y al poema como una escritura infinita, suma de múltiples voces. Así, la escritura se cruza en su eros con la oralidad y se intenta devolver a la poesía a un habla común, susurro íntimo y sostenido, donde ellas (las poetas), no sólo se leen o se escriben ,sino que, en un gesto que traspasa las generaciones y el tiempo, "se dicen palabras al oído",tratando de retener en la conversación (paladeada, escrita), el instante poético.
Estudio del Sur ofrece aquí una selección de estos poemas.
mi madre piedra
cansada de sus nombres
en un hueco del mar
seguir en la ceguera
pide a su madre-piedra
en el silencio se hablan:
la oscuridad es buena
viene de ahí la noche
gusto a salmuera y yodo
en mi garganta-roca la oscuridad es suave
mis hilachas tamizan la luz
entre los peces
y mi locura viene del mar,
hijita mía
medio deshecha entre olas,
hijita mía,
mi madre ciega
a Gabriela Mistral,
desde su poema La Gruta.
dice
que asume
su rencor
como lo más preciado
y no le importa que su saliva
corra barbilla abajo
dice que todo cae
que el cuerpo también cae
que tiene cuencas en lugar de ojos
pero se agacha y recoge su cuerpo
dice que volverá junto a las hojas
que su pasión sigue siendo el clavo
que agujerea su mente
luego baja la voz y dice que ha cambiado
que
en la oscuridad puede ver mejor
que
el agua mueve las palabras
que mientras escribe furia un pincel
dibuja furia en su mente
palabra diminuta que gotea su elixir
y le anuda la lengua:
dice al fin, en silencio,
que el diario mudo de su corazón
es lo que escribe
a Nadia Prado,
poeta chilena
aguja
e hilo
quiere contar su historia
como su madre usa el hilo pero su
labio se parte Su madre enrolla el
hilo en el dedo pequeño Ella quie-
re la distancia entre la aguja y el hilo
bellísima distancia- la cara de su
madre- cordón umbilical cortado
a dentelladas en esa foto antigua
a Damaris Calderón,
poeta cubana
litoral
desembarca desbarranca
se echa a vivir con el borrón de sí
misma juega al azar con la verdad
repta la roca sube
se empina un vaso de agua suspira
aguanta el aire
saca sonidos que desparrama al viento
apoyados los codos en el color del mar
llama con silbo agudo al espejismo del mar
le trae barcos turbios la marea
se estrellan en sus párpados cerrados
se apoya en su sillar y desde ese alto se balancea
mirando cómo el paisaje blanco se vuelve pluma
busca en esquinas polvorientas
ronda la noche
se viste de papeles diarios antiguos
los lee con devoción recorta las letras
las pega en sus vestidos y deambula
su linterna se apaga usa los ojos
se le gastan no habla
ni siquiera entonces habla. Escribe
corre a mirar el el reverso de las letras
continúa escribiendo se acerca a su propia cábala
(pero no cree en ella la desprecia)
baja a la altura de su tacón
ahí se sienta y espera no sabe qué
cree que esta vez
la han engañado sus manos las esconde
las mete a los bolsillos
con su abrigo café viaja al sur
a Valdivia a Temuco a Lebu
se queda en Lebu
se interna en la maraña del bosque
y nombra sus sonidos
inicia una caminata verde
pero ya es tarde
si la hubiera hecho ese año
piensa
a la poeta chilena Elvira Hernández,
a su amistad, su poesía, a su abrigo café
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