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Estudio del Sur

DOLAN MOR: CUATRO POEMAS INÉDITOS EN ESTUDIO DEL SUR

Dolan Mor, Cuba,.. Poeta y narrador. Autor de El plagio de Bosternag (2004), Las historias de Jonathan Cover (2005), Seda para tu cuello (2006), Nabokov’s Butterflies (premio de la Delegación del Gobierno en Aragón, 2006), y Los poemas clonados de Anny Bould (premio Miguel Labordeta de Poesía, .

Antologado en Los chicos están bien: Poesía última (2007), Poesía para bacterias y en la próxima reedición de Las cuatro puntas del pañuelo: Poetas cubanos de la diáspora. Colabora en las revistas Turia, y Letralia. Sus textos se traducen al polaco.


Desde el año 1999 vive exiliado en Aragón.


A LA SOMBRA DE UN VIOLÍN PIENSO QUE SOY ANNE SOPHIE MUTTER


(inédito)


1


Veo una corneja que brilla sobre la rama de un abeto


mientras pienso en tu apellido (oh Franz Kafka) y medito:


---------------------------- -a) en tu familia sin dinero


--------------------------- b) en la empresa del cuervo


------------------------------- hacia el negocio


-------------------------- -c) en los alambres de tus cejas muertas


-------------------------- -d) en tu semblante enfermo taciturno


--------------------------- e) en tu cara de ave que me observa


------------------------------- delante de un espejo


--------------------------- - f) en tu nariz acaso el pico hundido


---------------------------- bajo la carne que destruye la vida.


2


¿Cuánta distancia existe entre tu muerte de escritor y un jardín


que florece con sus huesos o entre un bello cadáver que se viste


de lino y la palabra indescifrable “corvus“?


¿Cuánto silencio


--------------------------------------grumos en papel


--------------------------------------libros


--------------------------------------textos


--------------------------------------rosas portland


--------------------------------------escritos


--------------------------------------maldiciones de tos en sanatorios


para darnos al fuego sin sentido en misivas de amor


porque ese ha sido, oh corvus manedula, nuestro oficio?


3


Escucho una canción en alemán


-----------------------------es un violín con alas


porque, sabes, yo soy Anne Sophie Mutter que me hablo


--------------------------------------------------(a mí misma


de unos lagos en los bosques de Viena, del sol que se refleja


en el verano que buscamos, que huye como liebre


-------------------------------------------------------------salta


sobre las aguas


---------------------------------se diluye como pez en el tiempo.


4


A esa liebre, como dijera Wittgenstein, la busco, la persigo


en mis poemas, pero yo sólo veo la corneja posada entre las ramas


del abeto, aquí, lejos, en Rusia, a miles de kilómetros de Cuba,


a millones de polvos de tus huesos a cenizas de letras


que me arrastran a contemplar la luna tu apellido posado


en ese árbol contra el cielo cubierto por la nieve.


5


Al pronunciar tu nombre como un cuervo, graznar


hacia la noche tu apellido, salen las plumas negras de mi boca,


se clavan como agujas en mis dedos, escribo y sale viento


de mi mano, un aire que sacude las palabras te busco


como un niño que se pierde en un bosque de noche y sólo escucha


la corneja tatuada en el camino la corneja del Cid


(que es la de Pound) el viento de la niebla, sólo un niño


bajo un árbol de noche es un desierto al que llaman Milena,


un nombre sin sentido que no es nombre y vuela salta del suelo


hacia la rama y te pronuncia “ Kafka” .


6


Doy mi vida por amarte


----------------------------junto a la chimenea


----------------------------a orillas de la estufa


de esta noche en Moscú, huyendo de la cárcel, de los hierros,


herido por la voz de la familia que llama por teléfono,


me encuentran siempre triste alguien dijo mi breve dirección:


“está al norte del Volga, al sur del aeropuerto, llegó bien, pero hay hielo de muerto en su mirada”. Y las voces oh Kafka me recuerdan a ti entre la penumbra redactando tus obras para darlas con Brod al vano fuego.


7


Entonces la corneja que me mira y yo siento tu voz en su discurso,


familia eres del cuervo y yo contigo arrodillado tiemblo en la cocina


de un mal apartamento aquí, en Moscú. Digo “frambuesa”,


devoro una tostada sin caviar y aparece la rama despejada,


el ave permutó, se ha ido lejos, hacia dentro, como yo de mi tierra,


para siempre, perdido en unas fotos, en flashes de miradas


que separan a un pájaro de otro, una señal maligna


en el camino del hombre hacia su muerte.


8


Puede que un día:


----------------- - -a) quemen tus relatos


----------------- - -b) los tiempos ya no existan


----------------- -- c) se confundan tus padres


------------------ - d) familiares ya no estampen el sello


------------------ -- --de tu ilustre apellido en los paraguas


--------------------- -en membretes correos,


pero tú, Franz Kafka, demonio de los cielos destruidos,


siempre estarás posado en la distancia, aunque a veces los ojos


nos engañen y pensemos que vimos la corneja,


---------------------------que te vimos a ti


-----------------------------------brillar sobre el abeto.


ANNY BOULD


(inédito)


de: Los poemas clonados de Anny Bould


Un día imaginé que yo era Anny Bould


(una poeta que se ahogó en un lago de Suiza).


Pensé que yo era ella y que me levantaba


antes de que saliera el enfermo sol de noviembre,


tomaba un té con tostadas y me despedía


en silencio de mi pequeño perro.


Después pensé que bajaba unas escaleras de madera,


tomaba un camino angosto, recogía algunas piedras


del suelo y silbaba una canción de Morbid Tales


cuando iba en dirección al lago asesino.


Cuando llegué a la orilla del lago,


me acosté boca arriba sobre la hierba,


y hablé un rato con el cielo que a esa hora lanzaba


sus primeras luces sobre la ciudad de Lucerna.


“Qué bello eres”, le dije al cielo, y el viento


helado, que en ese instante previo a mi suicidio


sopló como unos belfos de caballo salvaje


alzó, como una tela de oro, mi pelo amarillo.


También pensé en el misterio de la muerte,


en las teorías sobre la metempsicosis de Pitágoras,


y en los primeros filósofos y poetas de la antigüedad.


Pensé en estos tiempos de clones y ciencias vanas


y medité en la maldad del hombre sobre el mundo,


“¿por qué tienen que pasar estas cosas?”


--le pregunté al viento helado que ahora se escondía,


como una rata invisible, entre los árboles.


Pero nadie respondió a mi pregunta aquel día,


y esto que ahora les cuento, esto que imaginé una vez,


sucedió también por noviembre, pero hace ya mucho tiempo.


Ese día que imaginé que yo era la poeta Anny Bould,


y que lloraba boca arriba sobre la hierba, acostada


a la orilla de un lago que apenas reflejaba


en su lomo la cronología y los misterios del universo.


Lloraba sin consuelo, y pensaba, como ahora,


en mi pequeño perro, antes de meterme para siempre en el agua.


CONFESIONES


(inédito)


Al principio yo anhelaba ser el príncipe de la poesía, el rey


de las palabras, un ministro de los poemas con una medalla


sobre mi oscuro pecho, una corona de oro alumbrando


con su dorada luz mi noble cabeza. Después, bajé mis metas


y me propuse ser un licenciado, un doctor en gramática,


políglota, un James Joyce, usar barba, un abrigo negro


hasta los tobillos, las gafas circulares, la pipa entre los labios


recitando los versos de Charles Baudelaire. (Recuerdo


que tenía la foto de Vallejo debajo del cristal de mi mesa


de noche y, mirándola, apoyaba mi rostro y mis manos


cruzadas encima de un bastón con el puño de plata,


en forma de león, para creer un instante que mi nombre


era César. --Incluso estuve preso por parecerme a él.)


Me decía a mí mismo frases de Kierkegaard: “para el hombre


que aspire a triunfar en la vida existen dos caminos: ser César


o ser Nada”. Y yo lo repetía con la convicción de que era


(sólo faltaba tiempo) un dios o hijo de un dios. Sin embargo,


las cosas han cambiado y mi punto de vista se cayó en un


abismo. Ya no aspiro a ser príncipe, ni ministro, ni rey,


ni políglota un día, mucho menos deseo ser Joyce o Baudelaire


porque ambos están muertos, y un hombre, si está muerto,


vale menos que un perro. Ahora aspiro a las cosas sencillas


de la vida. (Me lo dijo Ray Carver y nunca lo entendí.) Miro


el agua de un río sin pensar qué es el agua, me acuesto


entre la hierba y disfruto del sol. Pienso, respiro, siento


cómo limpia el oxígeno mi sangre, mis pulmones, late


en mi corazón. Soy feliz con vivir sencillo, aspiro a eso:


Posado, como un pájaro, sólo quiero una rama para cantar


mis versos, también una ventana para mirar el mundo,


aunque no tenga un piso, ni un palacio, ni un templo. Un marco,


una ventana para asomar mis ojos, humilde, con asombro,


sabiendo que soy polvo, y, debajo del cielo, un animal o nada.


EL OBRERO


(inédito)


He traído un pico y una pala para cavar un poema en la hoja. Ya he pasado la primera capa de hielo que construye el silencio sobre el blanco papel. (Esa lámina fina, inmaculada.) Ahora rompo las piedras, los gusanos que aparecen debajo de mis dedos. Golpeo duro, golpeo en cada sustantivo, gerundio o participio. Las palabras parecen las hijas sublimes del metal más propicio. Ya introduzco mis pies dentro del hoyo. Los zapatos se ensucian, pero sigo golpeando con las vísceras, la sangre en cada movimiento que ejecuto. Golpeo fuerte, golpeo el sustantivo, adverbio, el adjetivo. Los minerales sangran debajo de mis suelas. Ya introduzco mis piernas, pantalones, hasta doy la cintura para abajo. Me quito la camisa, me desnudo. Se trabaja mejor en ese estado. Meto mi vientre, el pecho, los dos brazos para golpear con fuerza el agujero, perforar hasta el fondo del idioma, hasta el verbo del fango. Apenas veo hierbas, ya no hay árboles, ni casas ni consuelos en un círculo. Sólo están mi yo y mi doble ego dentro de mi cabeza. Pero no me amilano, mi espíritu no tiembla, duro golpeo hasta dejarme el músculo y quedarme en los huesos bajo tierra. Así, ahora, sin cielo, la tierra como un techo me ha cubierto, se acuesta como un monstruo sobre mí. Pero yo no me canso, sigo, muerdo la muerte con mi pico y con mi pala, las paredes, las rocas. Y así, sólo, en el agujero sellado bajo tierra, esperaré a que venga otro poeta a golpear como yo la dura hoja, a enterrarse de nuevo en el poema. Tal vez encuentre mi cadáver vivo que no para nunca (con el pico y la pala rotos) de golpear y golpear versos en vano.







Archivado en con fecha 24/mar/2008 - 0 comentarios

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