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Estudio del Sur

ANDI NACHÓN: PLAZA REAL.

FURGÓN: AL OESTE.

   

Por lealtad

 

se suben bicicletas al vagón, se les cuelga

de esos ganchos y la mano

sostiene confiada su bamboleo. Sólo

por lealtad hacia esta tarde

encaminada a noche, su tren cruza

estaciones del oeste

las pintadas y franjas

indemnes de rosas, naranjas para otro

atardecer entrevisto

al pasar sus ventanas. Sea entonces lealtad

 

este impulso a pedalear rumbo a casa

infinitos

gastos en transporte y cansancio

recostando las cabezas: apoyan rodillas, cuerpo

sentado al amparo de la propia

bicicleta que cuelga. Leal también

 

entra esta tarde en promesa

veranos inminentes y cambios

climáticos para polleras

 

algo más cortas si el fin

de semana se acerca. Duermen entre rayos

erizan cuadrantes, cadenas

 

pedales marcados por el polvo, óxido de eso

que es tu bici suspendida, una forma

de llagar a hora. Cada día trabajo y regreso. Retorno

de la tarde en otra

 

primavera de estreno. Come el chico

su sándwich de milanesa, sobre la cadera

apoya el manubrio o esa mochila

que su espalda carga y lleva

con cierta nobleza. Y dice resistencia

 

gigante un grafitti sella el galpón

fábrica antes ahora esos

vidrios rotos para ventanas

que hablan de cuál

posible resistencia. Paisaje alerta

a la espera igual a esos ojos

niños del joven

asoman la gorra y reflejan tantos brillos

sin decir dureza. Resiste un cuerpo

horarios y resiste sólo

en fidelidad a eso que ahora

está partiendo. Cruces

 

de otra estación suburbana, para el furgón o alianzas

que elevan bicis

por las ventanas: libertad

o luche y se van signados también

contra el atardecer. Vendrá la noche, otro

  

viernes madrugadas vendrán en fuga

tal vez días de festejo. A las seis

cuarenta y cinco apenas cuerpos

que conocen de tareas, cansancio o el descanso

cuando hiere el sol las ventanillas y en rayos

de la bici es reflejado para volver

otra vez al oeste de qué

paraísos probables.

  

SANTA LUCÍA: HOSPITAL DE OJOS

 

-Santa Lucía, déjanos ver.- Aquí donde esperamos todos

mientras afuera sigue febrero, su luz brillante y restan más

de cincuenta números antes, aquí, Santa

permítenos la espera- a mí, a los otros- cierta dignidad

en bordes poco limpios

inhóspitos

rincones estos de la pública

salud y heridas

 

por trabajos varios, soldadoras o astilla

que es vidrio en tu ojo. Permítenos sí

ver claro cómo

esto alcanzaría para todos. A la espera con números

imposibles del cien al dos

diez ¿cuánto

habrá más que esperar para ver? Alcanza con el verde

 

pleno de febrero y alcanza para más

este estar acá. Guardia

médica en filas iguales: mi orzuelo y el pañuelo

sangrante del hombre viejo. Son de fajina

sus pantalones y uniforme, aquí

donde también él

 

tendrá sus sueños cuando espera y vos

al lado le tendés otro pañuelo.- ¿Es rojo

 

esto que veo? ¿Tiene el dolor

algún color?- “Santa Lucía, que estás aquí

hecha por nosotros- para nos- los que en fila

esperamos qué salvación : déjanos ver un probable

tiempo para todos

donde también este penar

tenga su sitio sin apostar al empuje

del otro para hacer lugar: “ Y hay algo

 

definitivo de barco hundido aunque alcance

el gesto alcanza, decinos vos Lucía, para en el otro

ser nosotros y así

la luz completa de febrero

no se opaque ni se sostenga más

esa regla del pobre

para otro pobre aplastar. Acá, donde parches hablan miradas

  

cuando no estamos ahí

donde queríamos llegar. Qué, Santa Lucía, nos podrá ya

justificar . Lavandina más espadol, el alfajor que la nena

como inquieta en un rincón. Ciento

sesenta y ocho escrito en digitales rojos, suspiros

de la impaciencia al fastidio porque nada

logra a veces ligar en dolor, ni siquiera

cierta redención.- Pero estalla afuera esta mañana

única de febrero, cualquier posible

caminata al sol, el mismo aquí, en esa

 

clínica privada siempre aséptica no

la salud no se paga

no debiera negociarse eso: nuestra debilidad ante los cielos.- Santa

Lucía Santa, recuérdanos que nosotros

y  los otros igual moriremos. Y alcanza

con alcanzarnos unos a otros debiera, Lucía

ser suficiente aunque la madre

da un bofetón a la nena, en esta calma chicha

tan parecida a sala previa

del huracán que borre toda

 

espera pero no. Vos

aquí ayúdanos a ver, no el ojo emparchado de la nena

sino que a ver

 

vinimos aquí Lucía: solamente a vernos,

los unos a los otros, ya que este

espacio alcanzaría para todos

cuando casi esa mano

del hombre herido sobre el hombro

blando de su chica alcanza

también estas entrañas. Lucía aquí

vos despierta con nosotros.

  

ANDI  NACHÓN, Buenos Aires, 1970. Docente de letras y periodista.

Ha publicado: Siam, Nusud, 1990; Warzsawa, Bajo la luna nueva, 1996; Taiga no rio do Janeiro, Edicoes da passagem, 2001; Goa, Tsé-t´se, 2003; y Villa Ballesta-Ñuñork, Surada ediciones, 2003, entre otros. Los poemas aquí seleccionados pertenecen a

Plaza real, ediciones La Bohemia, Buenos Aires.

  

Archivado en con fecha 14/abr/2008 - 0 comentarios

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