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Estudio del Sur

LOS CUATRO PUNTOS CARDINALES SON TRES:EL SUR Y EL NORTE.

 

 


(Prólogo a la edición cubana de Arte y Literatura, Instituto cubano del libro, 2008)

 

Enfrentar la poesía chilena hoy, es aceptar encontrarse con un corpus móvil, proliferante, hecho de los más diversos cruces(y cruzas), un corpus que se apoya tanto en lo textual, en la reescritura del modelo que enfrenta,  como en la parodia, el pastiche, el perfomance o la tradición.

El presente trabajo, más que una antología o un panorama de la poesía chilena, se propone como un fervor, como una serie de lecturas de esta poesía, realizadas por una lectora atenta, que quiere compartir, con el lector cubano estas lecturas. Antes de pisar tierra chilena, conocí a este país por su poesía y por sus cantautores, luego, he seguido tratando de comprender , de entender al país de los volcanes y las cordilleras, (que no sólo es paisaje y que hace rato es país), a través de sus artes, de su literatura, de sus artistas y las imágenes que estos han creado a partir de él, para él.  He querido mostrar aquí los estratos diversos que conforman una cultura, que van desde las manifestaciones orales y populares hasta la escritura y un saber letrado como formas de expresión. Parto recogiendo la poesía de Rosa Araneda, la poeta más destacada de lo que se conoce como La Lira popular chilena,  fenómeno de la literatura de cordel, que se da en el siglo XIX chileno, cuando las expresiones populares del campo empiezan a extenderse a la ciudad y” las versá “populares, los cantos “a lo pueta”, pasan también a imprimirse y a cantarse en un ambiente citadino, incluyo también la voz del poeta modernista chileno, Carlos Pezoa Veliz, insuficientemente estudiado aún. ¿Cómo no recoger dentro de la poesía chilena a la notable figura de Violeta Parra, una de las exponentes mayores de su cultura?  ¿Cómo no reconocerla, aquí, como la poeta enorme que fue, que se expresó en canciones, en décimas autobiográficas,  en décimas y centésimas, en arpilleras, en óleos, remitiendo su creación a la verdadera poiesis? De rigor, como los cuatro jinetes del Apocalipsis, aparecen Gabriela Mistral, Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Nicanor Parra. Conocido por el lector cubano por sus Gemidos, incluyo también la voz de Pablo de Rokha y de esposa Winette de Rokha y su hijo, también poeta, Carlos de Rokha. Recojo también la poesía de Roberto Parra (otro de los hermanos de la frondosa familia Parra) que se hizo conocido sobre todo por sus cuecas urbanas, llamadas también “cuecas choras” o “cuecas bravas”, por el ambiente de los barrios bravos, marginales, donde surge.  Un espacio indispensable se le hace a la Nueva canción chilena, entendiéndola como una de las formas más vigorosas de poesía en el momento en que ocurre. Dentro de ella incluyo a cantautores como Víctor Jara y Patricio Manns, aunque la muestra podría haber sido más amplia y se constriñe por el número de páginas.

Incluyo también una muestra de los autores que formaron el grupo surrealista chileno Mandrágora, el de más larga duración en Latinoamérica. Ahí están las voces de Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa. También a los figuras indispensables de Rosamel del Valle y Eduardo Anguita. Incluyo también una muestra de poesía mapuche, cultivada por algunos de sus autores en el bilingüismo, es decir, desde sus lenguas nativas, el mapudumgun, hasta su traducción castellana. ¿Cómo excluir de estas lecturas al movimiento de mujeres y  la poesía escrita por ellas a partir de los años 80? Ineludibles dentro de ellas son las voces de Elvira Hernández, Verónica Zondek, Carmen Berenguer y Soledad Fariña, entre otras, acá incluidas. Un espacio particular merecen también Tellier, con su poesía de los lares, Enrique Lihn, con su trabajo intelectual extremado, llevando el verso, el lenguaje hasta las simas de su imposibilidad, en una tensión mayor que sostiene hasta su Diario de muerte. Las voces de Gonzalo Rojas, de Efraín Barquero y Oscar Hahn también forman parte de estas lecturas de rigor, así mismo las de Juan Luis Martínez, cuyas interesentes exploraciones sobre el lenguaje y la supresión de la autoría (o su intento) lo hacen un referente obligado, también a Rodrigo Lira, a Alfonso Alcalde, “supersuicidas” y superpoetas. Destacan dentro de las figuras de los 80 también las voces de Raúl Zurtia, con una poesía que desafía a la página, que busca una escritura total, en el cielo, en la tierra, en el cuerpo, y la de Tomás Harris, autor de una épica (o antiépica) personal, mítica, que le permite construir un Cipango en la Concepción de Tebas de Santiago de Chile.

 También aparecen otras voces que ya tienen un lugar destacado dentro de la- llamémosle por comodidad, por convención- poesía chilena actual. Son autores nacidos después de los años 60, cercanos del Golpe del 73 o que crecieron en él (y después de él), autores donde está presente la violencia y también la apertura de otros imaginarios, poetas que recogen y le dan nuevo impulso a la poesía surrealista chilena del grupo Mandrágora, a la influencia de Lihn, a la poesía lárica de Tellier, la antipoesía de Nicanor Parra, la escritura total y cosmogónica de Raúl Zurita, o los hallazgos de Neruda, Mistral, Huidobro, entre otros autores, además de las vanguardias latinoamericanas. En esta muestra he recogido  poemas de Javier Bello, donde se agrupan, en su voz, resonancias del surrealismo, de las vanguardias, del barroco, de Víctor Hugo Díaz y Armando Roa Vial, más cercanos a la poesía de lengua anglosajona, de Antonia Torres, donde el discurso lírico deja sentir la concisión de la poesía italiana con los paisajes del sur de Chile, de Jaime Huenún, un poeta mapuche, que crea una poesía mestiza, donde aflora la naturaleza y las leyendas ancestrales de su pueblo y también la violencia ejercida sobre él ,o un autor como Rafael Rubio, que recrea el siglo de oro Español, con túetanos vallejeanos, que hace suyos. Incluí además las voces de Malú Urriola y Nadia Prado, donde también están presentes el lenguaje coloquial, el rock, las noches de adrenalina, los imaginarios y el lenguaje excluido de la ciudad letrada, o la poesía de Héctor Hernández, donde se reescribe las Alturas de Machu Picchu, de Neruda, desde un hablante que se declara Divina y bastarda, traidor de su padre (de sus imaginarios), una poesía que se ha señalado dentro del ámbito de lo queer y el neobarroco, quizás más precisamente, del neobarroso, cercana, por estos ámbitos, a los experimentos de Néstor  Perlongher. No surgen estos autores por generación espontánea, no pertenecen, de hecho, a una generación, vienen precedidos por los esfuerzos de autores como Juan Luis Martínez, que abre nuevas posibilidades para la poseía chilena con su Nueva Novela, vienen precedidos por los trabajos del Grupo CADA, creado en 1979, un colectivo de artistas multidisciplinarios (Raúl Zurita, Diamela Eltit, entre otros) que van a entender las artes como acción e intervención, o el movimiento importante de la poesía femenina chilena, que se produce en los años 80, con voces ya mencionadas como las de Verónica Zondek, Elvira Hernández, Soledad Fariña, Eugenia Brito, Carmen Berenguer; dialogan, además, con sus contemporáneos de otros latitudes: (la poesía peruana, chilena, argentina, mexicana), imprimiéndole a sus textos un aura que los excluye  de nacionalismos y localismos restrictivos. Otros autores también conforman la muestra, como Germán Carrasco, Kurt Folch, Verónica Ximénez,  Paula Ilabaca, Damsi Figueroa, Bárbara Délano.

Debo aclarar que la presente muestra no recoge, en su soporte material, todas las gamas en que se ha desplazado la poesía chilena : esto es, el carácter objetual y visual muchas veces de la misma: Los artefactos de Nicanor Parra, por ejemplo, el trabajo entre poesía y plástica, las performances que muchas veces han acompañado a algunos de estos textos, la relación entre poesía y música con que han trabjado algunos autores.

 No obstante espero (aspiro) a que estas páginas deparen más  de una sorpresa al lector.

Quiero agradecer a Chile y a sus poetas el conocimiento que me han brindado, al Instituto Cubano del Libro y a la Editorial Arte y Literatura por la posibilidad de materializar este libro y agradecer también a mi compañera, Lourdes Castro, por ayudarme a ordenar el profuso material.

Damaris Calderón

Septiembre 30, Santiago de Chile, 2008.

(SELECCIÓN) 

MALÚ URRIOLA Santiago de Chile , 1967. Ha publicado: Piedras Rodantes, 1988. Ed. Cuarto Propio; Dame tu sucio amor, 1994. Ed. Surada; Hija de perra, 1998. Ed. Cuarto Propio; Nada, 2003. Ed. LOM. En el 2002 recibe la Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura para realizar el proyecto poético de intervención urbana Poesía es +: Lectura de poesía desde globos aerostáticos. En el 2004 Recibe el Premio Mejor Aporte Televisivo, que otorga el Servicio Nacional de la Mujer a medios de comunicación, por el guión Sofía, (Una historia de maltrato a la mujer) dirigido por Christine Lucas, serie “Cuentos de Mujeres”, transmitido por Televisión Nacional de Chile en el 2003. En el 2004 se le otorga el Premio Municipal de Poesía y el Premio Mejores Obras Editadas 2004, que otorga el Consejo Nacional del Libro, por Nada. En el 2005 recibe la beca de creación literaria que otorga la Fundación Andes para escribir el libro Bracea En el 2006 recibe el Premio Pablo Neruda, por su trayectoria poética. Trabaja, además, como guionista de televisión y cine.

 

 

Cuando no estás me faltas como si me faltara un brazo, daría un brazo por no sentir esta falta... daría un brazo, pero no el brazo con el que escribo. El brazo con el que escribo no se lo doy a nadie, si me deshiciera de este brazo moriría atragantada. Este brazo es el que aprieta mi vientre, el que hunde su mano en mi garganta para que las palabras salgan, porque mi brazo sabe que las palabras son como trozos de carne que me atoran, si no tuviera este brazo tampoco podría hablar, porque este brazo es mi lengua, con este brazo puedo decir lo que la lengua se calla, podrían cortarme la lengua pero no el brazo, por eso no siento ningún miedo cuando tengo la lengua dentro de tu boca, porque aunque la arrancaras me quedaría este brazo. Con este brazo me sostengo, con este brazo lucho cada día. Cuando me pierdo es este brazo quien me encuentra, cuando me desespero es este brazo quien me calma, este brazo es mi memoria, este brazo es quien me saca a flote, quien jala de mí, quien me aturde para arrastrarme hasta la orilla, este brazo se compadece de mí más que nadie, me saca el agua que he tragado, me golpea el corazón para que ande, si no fuera por este brazo no sé qué sería de mí, por eso sigo a mi brazo, porque este brazo es capaz de encontrar lo que yo no hallo, por eso es él quien escribe, porque si escribiera yo, no encontraría las palabras necesarias, en cambio mi brazo es exacto, porque mi brazo sabe que si no soy capaz de resistir, que si me agoto de ver todo el tiempo lo mismo, que si me canso de escuchar las mismas palabras idiotas, que si me harto de ver a la misma gente como en un cinematógrafo de barrio, que si me aburre ver con mis ojos sus ojos pajes desesperados de fama, de una fama gris de estrella de cinematógrafo de barrio, porque mis ojos se cansan de ver tanto, todo igual, repetido, mi ojos se hartan tanto que se harían sal si vieran que algo nuevo pasara, porque esta ciudad se detuvo antes que llegáramos yo y mi brazo, esta ciudad sombría ya no se desempaña, esta ciudad es inalterable, esta ciudad quisiese ser rubia, esta ciudad quisiese beber whisky cuando se muere de hambre y si este brazo no fuera fuerte nos habrían arrancado medio pedazo, pero a mi brazo nada de esto lo derrumba porque mi brazo es ciego, mi brazo es sordo, mi brazo sólo escucha la sangre de él. Sabe que cuando no dé más deberá tomar la empuñadura y rajar la muñeca de mi otro brazo, sabe que aunque son pares sólo él puede hacerlo, sabe que él será el último en abandonar, lo sabe, como sabe también que será capaz de dejar de escribir porque escribir me daña a veces, mi brazo sabe que escribir daña porque es él quien escribe, cuando mi brazo escribe sabe que está doliendo, quemando, sabe que me revuelvo toda, por eso mi brazo dejaría cualquier cosa para calmarme. Es este brazo quien te olvida, no yo, porque mi brazo sabe que estando juntos somos capaces de resistir tu falta, que podemos trazar tu recuerdo, en cambio si me faltara este brazo yo me quedaría muda, me quedaría postrada, no podría resistir, no podría, por eso no te doy este brazo ni se lo daría a nadie, porque este brazo es el único capaz de librarme de mí. 


 

JAIME HUENUN Nace en el sur de Chile en 1967. Estudió Pedagogía en Castellano en la Universidad de la Frontera de Temuco. Ha publicado en Cartas al azar, 1989, y en "Simpson siete", revista de la Sociedad de Escritores de Chile, nr.II, al igual que en la revista "Pewma" (Nr.1, Temuco, primavera de 1994). Fue antologado en Zonas de emergencia. Poesía-Crítica. Poetas jóvenes de la Xa Región. Compilación y edición de Bernardo Colipán y Jorge Velásquez, Valdivia, Paginadura, 1994. Reside en Temuco, donde trabaja en la Casa de Arte Mapuche y es redactor de la revista "Mapuñuke". Ha publicado Ceremonias y Puerto Trakl. También ha compilado varias antologías de poesía mapuche. En 2003 recibe el Premio Nacional Pablo Neruda por su obra.

CEREMONIA DE AMOR

Los árboles anoche amáronse indios: mañío e ulmo, pellín
e hualle, tineo e lingue nudo a nudo amáronse
amantísimos, peumos
bronceáronse cortezas, coigües mucho
besáronse raíces e barbas e renuevos, hasta el amor despertar
de las aves ya arrulladas
por las plumas de sus propios
mesmos amores trinantes.

Mesmamente los mugrones huincas
entierráronse amantes, e las aguas
cholas abrieron sus vertientes alumbrando, a sorbos
nombrándose, a solas e diciéndose: aguas buenas, aguas
lindas, ay pero violadas somos aguas Rahue,
plorosas Pilmaiquén, floridas e parteras e aún felices
las arroyos que atraviesan como liebres
los montes e los cerros.

E torcazos el mesmo amor pronto ayuntáronse
los Inallao manantiales
verdes, las Huaiquipán bravías
mieles, los Llanquilef veloces
ojos, las Relequeo pechos
zorzales, las Huilitraro quillay
pelos tordos, los Paillamanque
raulíes nuevos.

Huilliche amor, anoche amaron más
a plena chola arboladura, a granado
cielo indio perpetuo
amáronse, amontañados
como aguas potras e como anchimallén encendidos, al alba
aloroso amáronse,
endulzándose el germen lo mesmo
que vasijas repletas de muday.

CEREMONIA DE LA MUERTE

Uno
(Forrahue)

"...alzaban sus manos
ensangrentadas al cielo..."
(Diario "El Progreso" de Osorno
21 de octubre de 1912)

No hablábamos chileno, mi paisano,
castellano que lo dicen.
Copihue sí, blanco y rojo,
flor de michay,
chilco nuevo.
No sabíamos de Virgen ni de Cristo, padrecito,
ni del Dios en las Alturas.
Jugábamos tirándonos estiércol de caballo en los potreros;
robábamos panales a los ulmos y a los moscos,
y pinatras a los hualles de la pampa;
mirábamos desnudas bañarse a las hermanas
con manojos de quillay en el arroyo.
Malo era.
Sí.
Por eso vino envidia y litigio y carabina;
por eso se volvieron lobos los venados y los peces.
Malo era, paisanito, malo era.
Comíamos caliente el crudo corazón de un cordero
en el lepún;
rezábamos huilliche al ramo de laurel
junto a la machi;
matábamos con fuego al que mete huecuve
contra el cuerpo y contra el alma.
¡Brujo diablo, anda vete! decíamos escupiendo,
y el bosque más espeso
escondía a la lechuza.
Malo era, malo era.
No sabía vivir el natural antes amigo, no
sabía.
Las mujeres se preñaban en lo oscuro y en lo claro,
y los hijos se criaban a la buena
de los bosques y los ríos.
Así era, mamita, así fue:
las estrellas dejaron de alumbrarnos
la sangre de repente,
y tuvimos que ocultarnos como zorros
en montañas y barrancos.


 

KURT FOLCH nació en 1970 en Valparaíso y es Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa de la Universidad de Chile. En 1996 publicó su libro Viaje nocturno, Santiago, Ed. Stratis. Publicó también el poemario Thera. 

ALEGORÍA DE LA NOMINACIÓN

Un perro negro tiene la forma del hombre
              que ofreció su mano a punto de sangrar o florecer
              a través de la lluvia, o al sol, un animal desgreñado
              como el rostro de nuestra infancia
           

            en días de celebración:

pan de anís, frituras de la abuela, postres
              de leche, harina, especias desparramadas
              sobre el alto mesón de la cocina; y la llegada
              de primas y primos de pelo como seca maleza
              lacia en los bordes de la calle donde era raspado
              el vidrio para curar el hilo de las comisiones.

Sombras celebradas con serpentinas y velas
            sobre el pastel de rigor inclinándose cada vez un poco más
             con cada deseo hasta caer como un árbol sobre la arena.

Y con la oreja al suelo fue el paso de la luna,
              el espeso reptar de las mareas, la efervescencia
              de un trasvasije de aguas y semillas desordenadas por el viento
              que desciende desde la copa de los árboles hasta tocar
              los diegos de la noche, erizando la piel de mujeres (simples
              turistas) que tiemblan de puna y frío a la espera de un fenómeno celeste

(inti enfermo).

O sentadas a la mesa de las putas invocan
            la tibieza de los terneros que asciende
            como el vaho lechoso que empaña el aire
            de pastizales (cubiertos) de escarcha.

Entre ellas descubrí la perfecta cabeza
            perlada de penumbra: un trofeo
           que habla aún de inmensas ciudades doradas
           y del rezumar de la luz en el mármol de los templos
           de civilizadas hordas de rostros neutros y blancos como la sal.

O se alza

al reír con la claridad del relámpago sobre las aguas
            de todas las espadas y el (leve) sonido
            de un follaje de arcanas heridas rituales
            acuñadas entre los cascabeles del baile
            en el fondo de los pozos del desierto.

Opresión y vastedad: ese rostro

(hermoso, tan hermoso)

como el sol que desploma flores silvestres al bajar
              a beber el veneno (puro y abundante) de la luna
              en el dulce fluir de la noche entre los brazos de los amantes

            ocultos

en lo hondo de las espigas,

cuando las visitas se retiran con sus niños
            dormidos sobre el hombro a lo largo de ruinosos salones.
            Lugares frescos, sin embargo, donde oímos la música agridulce
            de gente sencilla, tristeza familiar transformada en animal doméstico
            o encarnada en una madre
           

(enferma)

ofreciendo el corazón de los amantes (nosotros)
            hecho trizas contra los muros de alguna habitación
            que todavía guarda restos de (tu) pelo desparasitado
            junto a la ventana llena de un largo crepúsculo.

Eso fue todo cuanto dijimos: que el mar no es agua sino
            la inmensa oscuridad natal de un hermoso depredador
            fatigado que se desliza y borra rastros de heridas y huidas

como la mano que barre migas de pan entre el desorden
            de trapos que ondearon como banderas de plata
            y pulieron (en horas de ocio) los instrumentos de tortura:

retacería de nuestra memoria, vendajes de momia, muslo herido,
           rocío sobre ojos de muertos en esta tierra tiznada de
            ratas donde el amor (sol, drama, adverbio) no sana, ni desciende
            como lluvia sobre el campo que contemplamos al pasar en silencio.

Esa sombra que jaspeó tu frente:
           un movimiento de niebla entre las ramas de los pinos
           o simplemente un cuerpo
           arrastrado por caudales
           lentos y turbios
           

inoculando

su dormida sustancia de crisálida
            hacia el oleaje y el silencio que es
            como la noche pero más hermoso,
            más hermoso aún que la piel de los ahogados.


 

THERA

Tarde en el sueño
llega el mensaje: dos

o tres

virutas de sal amargas
alivian la boca

del (antiguo) aliento a
légamo

negra miga del sol

de quien vuelve
sediento del claro vino

del otoño derramado al aire
en una solitaria y lenta ceremonia

en lo más alto

de un árido paisaje
materno y azul.


 

THE SKELETON COAST

"Here you will find peace, they said"
                                                           E. Jennings

La blanca herida del sol entre la bruma es el día
            sobre el monótono paisaje que aparece
            sin principio ni fin tras paredes limpias
            de todo señuelo para la memoria.

Desde aquí se distinguen esas altas flores
            sin nombre conocido que se alzan
            sobre el nivel de la maleza: grietas
            extendidas hacia el cielo de la tarde.

Y constante como el cansancio o el hastío sopla el viento
            arrastrando oleaje de arena, cuerpos de insectos que giran

en el polvo. No hay caminos,

huellas que seguir o luces en la noche
que señalen dirección alguna.
                       

Da igual. El tiempo

y la soledad no consuelan, ni conceden sabiduría:
            desconocemos lo que se extiende mas allá
            de esos horizontes de sal. Llegamos
            a esta tierra inservible como desterrados
            (nos gusta pensar) de algún antiguo imperio
                       

o peces

ocultos en los rincones de un barco hundido
            con la única certeza de haber sido la mala sombra
            que se abrió sobre la luz del cuerpo amado,

un poco de humo

entre las piedras de cada lugar que pisamos, cargando el fastidio
            de un permanente bregar entre pequeñas virtudes y torpezas,

falta de claridad:

no haber callado a tiempo, agostar
            la hierba tierna que creció a nuestro alrededor.

En fin, cosas:

trucos simples para malgastar el tiempo: el vino, los amigos:
            muletillas de la lengua repetidas hasta el cansancio
            en el ocio de la tarde o en un cuarto a oscuras.

Nosotros que amábamos
los bosques y la lluvia,

esperamos

ahora, cada día
para sentarnos al sol

como si la vejez
y el miedo

nos marcaran la frente
pensando en la aridez de los desiertos.

 


 

Yanko González (1971) es poeta, antropólogo y magíster en Ciencias Sociales. Se desempeña como docente de la Universidad Austral de Chile, y es colaborador de diversas revistas literarias. Su poesía se caracteriza por acercarse a la realidad de jóvenes marginales a través de una voz poética que utiliza su lenguaje y, al mismo tiempo, emplea téminos técnicos de las ciencias sociales, estrategia que busca criticar el modo en que dichas ciencias se aproximan a la realidad social. Sus poemas han sido publicados en antologías como Palabra inagural (1991) y Zonas de Emergencia. Poesía-Crítica. Poetas jóvenes de la Décima Región (1994). Ha publicado también el libro de poemas Metales pesados (1998), y Héroes Civiles & Santos Laicos. Palabra y periferia: trece entrevistas a escritores del sur de Chile (1999). Publicó además una traducción de los poemas de Charles Bukowski bajo el título de La muerte se está fumando mis cigarros, realizada en conjunto con el poeta Pedro A. Araya. Es coautor de la antología Zur-dos.

que no quiere

"Que
no
quiere
morir
como
un
perro
nadie
quiere
morir
como
un
perro
todo
ser
humano
merece
no
morir
como
un
perro
ha
vivido
como
cerdo
y
no
quiere
morir
como
un
perro".


 

mossi, entiende
El lenguaje es un virus que viene del espacio
El lenguaje es un virus que viene de tu hambre
El lenguaje es un virus que viene del cobarde.

El lenguaje es un virus que viene de tu pena
El lenguaje es un virus que viene del calostro
El lenguaje es un virus que viene de la cendra

El lenguaje es un virus que viene del que ama
El lenguaje es un virus que viene de la flema
El lenguaje es un virus que viene de tu serna.

El lenguaje es un virus que viene de la traquea
El lenguaje es un virus que viene de la fiebre
El lenguaje es un virus que viene de la tea

El lenguaje es un virus que viene de la lágrima
El lenguaje es un virus que viene de tu bilis
El lenguaje es un virus que viene de la urea.

El lenguaje es un virus que viene de los nervios
El lenguajes es un virus que viene de la ataxia
El lenguaje es un virus que viene de la muerte.

El lenguaje es un virus que viene de tu muerte
El lenguaje es un virus que viene de tu cáncer
El lenguaje es un virus que viene de tu frío.

El lenguaje viene que es un virus del que calla.

     


 

DERROTERO DE EMPERAIRE

Afirmado en la música del trote/ me doy a la respiración
artificial acompañado por un cono de papel
higiénico/ paseo recogiendo boletas arriba de mil pesos/ las
cuales tienen fines muy diversos Cuento los pastelones al llegar a
casa y me salto las líneas impares del baldoserío/ justifico mi
existencia sumando y exclamándole a los caballos qué cara está la
avena/ He decidido abrir definitivamente una ventana que
siempre cierra a medias/ y regar este cactus que se entierra en un
vaso de yogurt helado.
Descuento los meses que me restan extrayéndole hojas a los libros/
Generalmente a un par de enciclopedias que versan sobre 101
Razas Humanas.
La Tv transmite rayas y acabo de encontrarme otra boleta/ me
suelo sentar en el suelo preguntando a cuánto de octubre
estamos/ Me corto al afeitarme/ Y soy feliz de que alguien
-aunque sea Gillette-
me manche un cariño por la ca.

 


 

MARJORIE

Estoy en razón de un barco seco. Ladrando a deriva mi escorbuto. Domingo 5.
Siempre es domingo 5 de milnovecientos setenta y uno para mis hijos y estoy planchando a estribor mi escroto. Acá, siempre es acá en lo que me publico, espuma rancia que me unta comisuras, babaespuma. Ni él ni ella, porque siempre hay
un él ni ella que se hieren por la boca y no se hartan, dejarán de privarme
de mi litro y mi ukelele. En la mañana necesito dos o tres dedos de ginebra
para afirmar mi pulso. He vaciado las veinte píldoras de amital sódico. Me voy.
Sé decirme ya tienes ese olor vinagre que da el encierro y el escribir pedazos de poemas.

....................................................... (Porque Siempre son Pedazos de Poemas).

 


 

SEPPUKU PARA KAWABATA
A Jorge Torres U.

para apresurar el fin/ tomarlo crudo/ digo beberlo opaco/
volver tizón tu cruz/ Barato: Vivir no pudo. Pisar la costra/ posar el beso en una uña/calentar calostro en la cuchara poner la cuña/
ubicar la cava/ pedir el mismo espejo/
voltear un sorbo/mirar parejo/ ESPERAR

 

 

 

(ya viene el corvo)

  


 

 

GERMÁN CARRASCO nace en Santiago en 1971. Tiene estudios en Lengua Inglesa en la Universidad de Chile. Entre 1991 y 1993 participó en el taller de poesía de su facultad y algunos de sus poemas fueron publicados en la antología Códices del "Grupo Códice" (Santiago, 1993). En 1994 obtuvo el segundo premio en el "Concurso de Poesía para Obras Inéditas", convocado por el Departamento Técnico de Investigación de la Universidad de Chile, que edita, ese mismo año, su libro Brindis. En 1998 publicó el poemario La insidia del sol sobre las cosas (Santiago, Dolmen). Figura en diversas antologías y revistas.

 

Héctor Figueroa mirando a las estrellas

Trabajo como una persona sola

Como el chino y el pobre que soy

Como si quisiera surgir.

Compro CD's de Jazz, la revista madrileña Co & Co,

Libros de Anagrama, Visor e Hiperión.

Leo a poetas tan mal editados como mal nacidos

Que van al grano como las prostitutas al dinero:

Versos corto punzantes que empiezan generalmente con

mayúscula

Para que se sienta el martillazo

Y camuflar la prosa pura.

Mi casa es una taberna que recibe a toda clase de amigos:

Hijos de puta que consumen mi tiempo, mis libros

Y el trago que le da sentido

A mi vida sin sentido de cartero.

A veces viene la mujer araña

A encamarse conmigo durante días de ausencia laboral.

Me hace café, me da comida,

Limpia el baño de quinta de recreo

Y me deja vacío

Fumando, mirando las estrellas.

La insidia del sol sobre las cosas

 

 Ganas de trotar bajo la tempestad

 

Nacimos en el desprecio a los signos de exclamación,

en habitáculos donde sólo se llega a dormir o al amor

y se sujetan los áfonos y dulces quejidos, en el desprecio

a esos signos que tanto daño han hecho a los amantes

y a la relación entre empleadores y empleados.

                                                                    Tenues

ofrecemos té y vino en diminutivos a quien comparte la charla,

el ajedrez sin fanfarronear el triunfo, sotto voce

como si con los decibeles se fueran a marchitar las calas

o fuera a ocurrir algo terrible

y alguien sugiere una épica del silencio,

conformada por la antología de Cuántos

ecos, susurros y gemidos

 

porque luego de leer versos durante media hora se puede sentir el paso de un diente de león con mensaje amante o una pelusa al cruzar el cuarto y comprender de inmediato que se trata de la muerte; luego de leer sin prejuicio a los pares la tradición la calle, se puede superar el gusto y los prejuicios; se puede entender las sutilezas burguesas en forma de haikúes, sonetos de agua y esas cosas. Sin inquietarse.
JAVIER BELLO nació en Concepción el 25 de octubre de 1972. Es Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica de la Universidad de Chile.. En 1987 publicó el poemario La noche venenosa (Concepción, Letra Nueva) y en 1989 fue antologado en Las plumas del colibrí. Quince años de poesía en Concepción. Ese mismo año publicó el poemario La huella del olvido. En 1992 fue becario de la Fundación Pablo Neruda, y en 1994, con La rosa del mundo (Santiago, Lom, 1996) obtuvo el primer premio en la categoría inéditos de los "Juegos Literarios Gabriela Mistral". Entre 1997 y 1998 cursa el Doctorado en Literatura Española Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid. En este último año obtiene un accésit en el "Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma" con el poemario Las jaulas, editado por la Editorial Visor. Ha publicado también Letrero de albergue, por editorial Norma.
 

(poemas pertenecientes al poemario LETRERO DE ALBERGUE)

 

Detrás del pensamiento hay un palo quebrado. Un palo que arrastró la corriente hasta los pies de la cama. Los vidrios son retratos donde los muertos preguntan por sus manos. Detrás de los espejos hay otra plantación erizada. Hilos de fuego que pulsan las muchachas en coma. Un túnel lleno de semanas. Un túnel quiere decir túnel. Lo que quiere decir cáncer. Invernadero y sed. Bolsa marsupial. Leche de oído. El hígado habla en las esquinas. Un vino lleno de números. Un saco de hojas secas detrás de la mirada. Una bolsa de té. Un ataúd repleto de ramas. Debajo de la edad están los años muertos. Debajo de la luz los prismas resucitados. Un niño carga un puente que carga a otro niño que no carga nada. El vacío es una enfermedad a la sangre. Decanta como el óxido en las redes de pesca. En todos los armarios hay espectros. En los cajones manos desconsoladas. Las paredes las ha rayado nadie. El otoño tiene muchos nombres. Detrás del pensamiento yo sé quien es nadie.

 

Cómo será la mano que en los laboratorios reparte el peso de la muerte. Cómo será la mano que de día se escribe y de noche se borra. Un ataúd de plata donde cabe el maquillaje para desesperados. La mariposa del faro tiene hambre. El traje debe entrar a escena. Hay ruido en los nidos. Un pez que desemboca. Por los caminos botones de caballo dejan un caballo completo. Distribuyen el peso de una sombra que avanza. Los viajes tienen orejeras. Un viaje debe durar toda la noche. La caja de ajedrez con su crimen vacío. El transistor de niebla del hospital en llamas. Espejismo sin nombre. Alta perdiz del triángulo descalzo. La oficina desnuda. La central de operaciones de la seda. Silla parlante. Dialecto de cintura. Le puse nombre de morir al caballo.


 

ANTONIA  TORRES, Valdivia, Chile, 1975. Ha publicado los poemarios  Las estaciones aéreas e Inventario de equipaje. Sus poemas aparecen incluídos en numerosas muestras de poesía joven chilena, en revistas y antologías nacionales e internacionales. 

SE OYEN PASAR ESTACIONES AÉREAS *

 

Me espera aún la casa frente al mar,

húmeda y oscura ahora,

ensancha sus paredes al tímido sol de invierno.

En tanto,

la casa construye su propio recuerdo

sus estaciones aéreas

¿de qué sirve imaginarla

extendiendo su gris alfombra de arena,

su teatral mar de papel azul?

Los barcos zarpan húmedos al alba

en esta casa de playa

como aquella noche en que aguardamos el paso del cometa

los ojos de niños tras el lente

en un abril benigno cuando el verano ya había sido sepultado

y mientras el hermano menor dormía

seguimos al envejecido astro bordeando el mar.

 

Aún me espera la casa

con un mar más cinematográfico ahora,

para hallar las horas perdidas de la infancia

en un mes cruel

y en una playa

arenas en que nada florece.

 

*S. Cuasimodo

  


 

TARDE VERTICAL          No nos exijas la fórmula que pueda abrirte mundos,pero sí alguna sílaba seca y torcida como una rama

      Eugenio Montale

 

La tierra no escribe sino en su legajo,

su tierra de hojas

busca palabras picoteando el suelo

-palomas entre las verduras-

cuando la feria y sus frutos mueren.

 

La tarde vertical que pende

con la pesadez de una gota de lluvia

escribe con la sospecha

de la palabra que está siempre por decirse

pero se calla.

 

La tarde y su rojez de otoño avergonzado

sopla su aliento para que crezca la hierba sobre la tumba

mientras la muerte cría su costra dura y reseca.

  


 

RAFAEL RUBIO, Los Angeles, Chile, 1975. Ha publicado Arbolando, Madrugador tardío y Luz rabiosa. Aparece incluido en diversas antologías de poesía chilena contemporánea.

PRIMERA ELEGÍA   

 

Tanta muerte para una sola piedra

Tanto dolor para una mano sola

Tanta angustia por una sola hiedra

 

Tanta mudez de piedra que arrebola

una rabia más honda que la tierra

mordiendo las raíces que la asolan

 

Desmádrese el silencio contenido

Peñáscase la nada hasta los huesos

Enhuése el peñasco, conmovido

 

entre las hiedras que escupimos, presos

 

tan ciego el arrebol hunde la boca

hasta tocar la noche con los huesos

bajo la tierra que el tañido invoca

 

bruñendo su poniente más rotundo

arrebolado sobre el valle inmundo

Tan muda la ceguez, tan ciega el habla

y tan peñasco el miedo de estar preso

tan piedra la mudez que nos entabla

 

hasta caer del cuerpo hacia los huesos

hasta morder la piedra sordamente

hasta parir la sombra más sombría

 

y hasta perder la voz en la simiente

 

no hay noche más peñasca que la fría

 

oscuridad que araña sus violines

ni muerte más mortal y más vacía

que el hueco que pulsé hasta los confines

 

Que no me digan que la piedra es dura

Y que la muerte es dura y que la vida

es más dura que el polvo y más oscura

 

que la voz de la más cerrada herida

Que no me digan que mi madre es piedra

ni que mi padre es piedra y que la hiedra

es mi madre también, sonoramente

hundida en la raíz hasta la frente

 

Desmádrese la más rotunda piedra

Empiédrese la más rajada madre

Desrájese la más profunda hiedra

 

Y tórnese la sangre hacia su padre

 

Y así al entrar la voz en lo rotundo

el polvo aprieta el nudo. Y ya confeso

implora su peñasco más profundo

 

hasta la noche misma de los huesos

y entre las piedras que mordimos, presos

escarbamos bajo la sombra fría

 

una rabia más honda que la tierra

y más ancha que el padre, todavía.

Y en lo más muerto de mi voz entierra

 

la espina de mi madre , vergonzosa,

de atravesarse en mí. La noche emperra

una rabia de púas, numerosa

 

Y en la afanosa grieta que se empoza

vuelve a zumbar mi voz, tu voz, la piedra

nace en tu sangre misma, presurosa

y encrespa su dolor en cada vena

 

el cuerpo habita el hueco donde grita

la voz que habita el cuerpo que devora

el hueco donde muere el que lo habita

 

y en medio de la polvareda, implora

su profundo peñasco avergonzado

de ser rotundo de preñez. Ahora

 

vuelve a nacer la mano que me llora

 

sin un poniente que pulsar, lejano

sin una piedra en que enterrar la piedra

sin una mano en que enterrar la mano

 

sin una hiedra en que enroscar la hiedra.

 ESCENA FAMILIAR II 

En el abismo cruel  del comedor

-conmovedora escena de familia-

El almuerzo rencor. El pan: ¡mendrugo

sobre la mesa muda de sentar!

Hermelinda, trae el jugoAy trae el jugo Hermelinda. Que está amarga

La sopa). ¡ Y qué huevean!

Recóndita la hermana – oh, Dios- alarga

la mano hacia el salero, lo voltea

de furia en el mantel ¡ La madre larga

una mirada atroz.

                             Y cabecea

la tarde sobre las verduras. ¡Tarde

fue a parar la amargura del almuerzo!

Que ya no habrá - ¡carajo ¡- quien nos guarde

el mendrugo infinito de perverso.

La hermana –bullanguera de orfanato-

hace sonar la sopa, con inverso

clarín ¡del hambre! ¿borbotón? Y al rato

la torcida moral de la cuchara

toca el abismo funeral del plato.

¿Y a persignarse, madre? ¡Con qué cara!

Tiembla de furia la febril vajilla

en la cocina infame: ¡ruido agudo

que hace temblar el alma de las sillas!

 

¿Falta Alguien, mamá, en la mesa? : un nudo

infinito de nervios, tembladera.

¿Quién nos falta?- mi Dios- Y un estornudo

se larga sobre la bandeja, etcétera.

 

Sobre el plato fulgente, merodea

una mosca acrobática. La hermana

la espanta y por los aires la voltea

con una servilleta franciscana.

 

¡Mamá por dios! ¿No ves cómo nos zumba?

¿No ves cómo nos zumba, mamacita

esta mosca blasfemia de infinita?

 

¡ Y al fin la mesa se nos vuelve tumba!

 

De Luz rabiosa.


 

DAMSI FIGUEROA

Nació en Talcahuano en 1976. En 1993 es invitada al Encuentro Nacional de Escritores en el Bío-Bío. Ha participado en el primer y segundo Encuentro de Poetas Universitarios, organizados por la Federación de Estudiantes de la Universidad de Concepción. Su poesía figuró inicialmente en antologías de ganadores de diversos concursos regionales y, actualmente, en revistas universitarias. En 1995 publica su primer poemario, Judith y Eleofonte, Concepción, Editorial Letra Nueva 

 

AUTORRECONOCIMIENTO

Yo no soy la que se pierde
tan pronto como se la encuentra
El amor en mí no se toca
se escribe
Yo no soy piadosa con los hombres de poca fe
no intercambio los calzones con nadie
en cambio asumo la desvergüenza
de una desnudez colectiva
en una casa de playa
o en una playa a secas
Yo no escribo para nadie
aunque intente escapar
y evite sacarte al baile
Tus malabares y piruetas
siempre exigen un aplauso cerrado
es decir, una palabra
Yo no me complico la vida
omitiendo adverbios y conjunciones
Patino por la hoja
y tapo los surcos amargos
con la sangre de mis amigos
Yo no hago el amor
lo desarmo
por el puro gusto de volverlo a armar
una y otra vez
hasta tener sexo
para olvidarme del amor
y de todos ustedes


 

POEMA DE LENGUAS

Temo a la espina que surce tu lengua
y a ese hilo de azufre que te escurre
y amamanta el dócil canal
tus hendiduras

Así como a la muerte temo a tu arcilla
a la moldura que la sostiene
temo al diente que se te clava en la sombra

Temo a la boca que se traga tu lengua deliciosa
y como a hostia envenenada la devuelve a tu boca

Temo, pero aún así permanezco
triste en la desmesura
sola en mi amor por los espejos.

 

a Alejandra Pizarnik

Yo sé por qué te duele
atraer con furia la piedra hasta los dientes
y arrojarla después como si nada
a la danza magnética
donde acaba el milagro

Con el tiempo te has vuelto ciega
encandiláronte los verbos
La incandescencia de los verbos dolorosos

Te paralizaron las alimañas palabreras
el susurro esquizofrénico
de la naturaleza del hombre

Yo sé que tu lamento no cesará jamás
porque tu hambre es mi hambre
y el pan que buscaste
ese pan se hizo carne
se hizo fuego imposible de llevarse a la boca.


 

CONVITE

No sería mejor que nos quedáramos
sentados y solos, tardos y quedos
esperando la totalidad de un gesto.

No sería mejor que olvidáramos
a la vaca semiológica que pasta a la deriva
sudor rocío que nos entumeció los huesos sesos

Hay dentro de la luz
una luz más pequeña
que es oscura

Hay dentro de la luz
una luz más pequeña
que es oscura

Hay dentro de la luz
una luz más pequeña
que es oscura

 

 

Archivado en con fecha 23/abr/2009 - 0 comentarios

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